Embajada de Rusia en México

                            

Hace muchos años la parte de la ciudad donde ahora se ubica la Embajada de Rusia en México no pertenecía a la capital del país y se llamaba pueblo de Tacubaya. El aire allí era fresco y puro de la vegetación abundante, la naturaleza era pintoresca y llena de armonía, que permitía a los contemporáneos llamar este lugar “uno de los rincones más bellos del mundo”. En los siglos 18-19 las familias nobles de México construían en Tacubaya sus fincas, sin escatimar dinero para la decoración más lujosa de las casas y para parques y jardines elegantes. Entre otras se destacaban las haciendas Barrón, Escandón, Santa Catarina del Arenal.

Puede ser que la hacienda Santa Catarina del Arenal no era tan lujosa como muchas de su alrededor pero tenía una historia más antigua. Fue construida en 1610 por Juan Hernández Mellado fue vendida a la familia de Teresa Caral de Airolo en 1646, que la sacó a subasta en 1704. La adquirió uno de los personajes más acomodados de aquella época, el conde de Miravalle para su querida esposa. Gracias a este regalo la finca recibió el sobrenombre “la Condesa”.

La prosperidad de la hacienda Santa Catarina del Arenal cayó en los años de vida de María Magdalena Dávalos de Bracamontes y Orozco, la tercera condesa de Miravalle. La condesa había nacido en la ciudad de México en 1701. Además de belleza y buena educación la mujer gozaba del talento poético. Participaba y ganaba los concursos literarios. La condesa María Magdalena tenía fama de una de las damas más ilustres de la corte del Virrey. Después de su muerte el nombre “Condesa” se fijo a la hacienda y una de las plazas cercanas a la finca fue nombrada en memoria de esta mujer excepcional.

En 1816 la propiedad fue alquilada a Antonio Batres, Secretario de ejército y hacienda, por un lapso de 6 años. En 1827 la vendieron a su esposa Josefa Arturo de Batres y después de su muerte en 1841 – a sus hermanos Estanislao y Joaquín Flores. En 1873 la compró Vicente Escandón, latifundista y jefe de la familia que resultó el último propietario de la finca. Cuando éste falleció los vastos territorios que tenía fueron repartidos entre sus herederos; la casa y el terreno correspondiente pasaron a Dolores Escandón y Arango de Rubín, hija de V.Escandón. Posteriormente, en 1911 ella la donó como el regalo de boda a su hija Dolores Rubín Escandón y su yerno Jorge Gómez de Parada.

En 1911 empezó la nueva etapa en la historia de la hacienda Santa Catarina del Arenal. Por supuesto su aspecto cambió en siglos. El territorio disminuyó en veces. Los edificios envejecieron y caducaron, ya no respondían a las demandas de la época y necesidades de sus nuevos propietarios. J. Gómez de Parada, arquitecto que pasó muchos años en Londres, decidió reconstruir la casa. Arq. Mauricio De Maria y Campos quien fue el autor del proyecto del nuevo palacete lo creó en un estilo difícil de determinar pero con “mucha influencia inglesa”.

Los Gómez de Parada gozaban de la vida tranquila y cómoda en la nueva finca bella en México durante muy poco tiempo. Las conmociones sociales de la primera mitad del siglo 20 les hicieron trasladarse a Europa, llevando consigo los más valioso, incluidos 30 excelentes caballos de raza.

La hacienda llevó un tiempo cerrada, esperando el regreso de sus dueños. Sin embargo los Goméz de Parada en vez de volver tuvieron que alquilar la casa a la embajada de Brasil por 8 años para mantener los recursos familiares. Volvieron sólo en 1931 y 11 años más tarde vendieron el espléndido palacete a la Unión Soviética. En la casa ubicada en la avenida que ahora se llama José Vasconcelos, antes Avenida Tacubaya, se alojó la Embajada de la Unión de las Republicas Socialistas Soviéticas, después la Embajada de la Federación de Rusia.

Ahora en México vive el señor Fernando Gómez de Parada. En su 78 el mantiene prestancia irreprochable, modales de un caballero y memoria excelente. Para este señor la hacienda en la calle José Vasconcelos es un lugar especial. Allá pasó su infancia. Es el hijo de Dolores Rubin Escandon y Jorge Gómez de Parada.

Con mucho gusto don Fernando se pone a recordar, que se ha cambiado en el interior de la casa y que se quedó del mismo modo, cuenta sobre la vida en la hacienda. Aparte de todo despierta el interés lo que el narrador varias veces llama la hacienda “La casa de fantasmas” habla de algo inconcebible que tuvo lugar aquí. La aureola de mística es inherente a los edificios viejos, pero es raro oír algo parecido de ex propietario de la casa. Don Fernando, quien habla tan sucesivamente de la historia de este edificio, de súbito se pone a saltar de una historia a otra, de pasado a presente, después al pasado aún más lejano, enumerando nombres. De pronto el deja de contar. Callándose el se pone pensativo, imágenes del pasado resucitan, y lo único que se aclare es que el edificio en José Vasconcelos guarda secretos que siguen siendo no descubiertos. Le hacen a casa un edificio misterioso y atractivo.

Desde 1942 el edificio construido por el Arq. M.De Maria y Campos sirve para el Estado ruso. Con dignidad aquí se ubica la embajada del gran país. Las salas refinadamente decorados, un jardín bonito adornado con esculturas, encantan a los visitantes de la embajada de Rusia en México y se quedan en sus memorias para siempre. Y nosotros, quien tenemos el honor de trabajar aquí en bien de la Patria, queremos y sentimos orgullosos por este edificio.